ORQUÍDEAS DE NUESTRA COMARCA

por Angel Campos Bueno

 

No es necesario viajar a ninguna parte para ver maravillas. Muy cerca de nuestra casa, si nos fijamos en las cosas pequeñas, el mundo se hace muy grande. Podemos aplicar esto a muchas cosas, hoy, por ejemplo, a las orquídeas.

Cuando pronunciamos esta palabra (en realidad procede de orquis, testículo en griego, por la forma doble de sus bulbos) resuena en nuestra cabeza el eco de las selvas tropicales o quizá el regalo más sofisticado que puede adquirirse en las floristerías.

Sin embargo, tumbados en el suelo y abriendo bien los ojos podemos ver a escala reducida flores cuya belleza no desmerece en nada de la de sus parientes de mayor tamaño.

Una advertencia: ante nuestras orquídeas silvestres hay que reprimir el impulso coleccionista. Es prácticamente imposible, ni siquiera transportándolas con cepellón unos metros más allá de donde las encontramos, que se críen fuera de donde han crecido. Además su recolección es ilegal. Debemos admirarlas, todo lo más hacerles una fotografía, y dejarlas como las encontramos. Allí seguirán en años sucesivos para nuestro disfrute y el de otros aficionados.

La belleza de las orquídeas se debe a que han evolucionado para seducir insectos que puedan transportar su polen a otras plantas de la misma especie. Aunque producir flores tan llamativas supone un gasto de energía esto debe de compensarlas en relación con otras especies que confían la dispersión de su polen al viento, como por ejemplo el pino. Este árbol no "invierte" en flores vistosas, pero tiene que gastar su energía en la producción de grandes cantidades de polen que alcancen por azar las flores femeninas. Podemos decir que el pino adopta la estrategia de la ametralladora frente a la orquídea, que prefiere el tiro de precisión.
Se puede atraer a los insectos por el color o el olor, e incluso algunas de nuestras orquídeas atraen sexualmente a los insectos imitando en sus flores las formas de las hembras, de manera que una determinada especie de insecto sólo cargará con los sacos de polen cuando infructuosamente intente copular con al flor. Estas llamadas "flores de abeja" pertenecen al género Ophrys.

El género Platanthera ha desarrollado una flor mucho más discreta para atraer por el olor y en la oscuridad a una mariposa nocturna, que es la única que puede obtener la "recompensa" por ayudar a esta orquídea. Sólo extendiendo totalmente la espiral de su trompa esta mariposa alcanzará el néctar almacenado al fondo del alargado espolón de la flor y en ese movimiento se llevará el polen consigo hacia otra planta, facilitando la reproducción cruzada dentro de la especie.

Buena parte del encanto de la Naturaleza soriana se debe a sus contrastes, pues coexisten en la provincia la vegetación atlántica, húmeda en verano, con la que soporta los rigores del verano mediterráneo. El municipio de Almarza presenta una síntesios de estas características. Merced a la humedad de los ríos se introducen cuñas de vegetación húmeda en el páramo castellano: las hayas más meridionales de la provincia -excepción hecha de las del Moncayo- hunden sus raíces próximas al río Tera mientras que poco más allá la hoja endurecida de la carrasca resiste los rigores del verano.

Con las orquídeas pasa lo mismo. Aunque en general buscan la humedad las hay que se aventuran por praderas arenosas con suelos bien drenados, mientras que otras no se alejan mucho del agua del río, bien alimentadas por sus suelos de vega.
Las orquídeas son el estandarte de una biodiversidad que debemos proteger. Nos han acompañado durante siglos unidas a los usos tradicionales de la tierra. Un desarrollo bien entendido debe preservarlas de la recolección dirigida o casual, de las ruedas de los vehículos que circulan ilegalmente fuera de las pistas y de los cambios de uso de nuestras praderas y dehesas.