Depuración de las aguas en el Espacio Natural Sierra de Urbión

 

Ha aparecido estos días en la prensa por un lado el informe de Greenpeace sobre la “muy deficiente” situación de la calidad de las aguas de la cuenca del Duero y por otro lado se ha hablado también de la depuración de las aguas residuales en la Red de Espacios Naturales de Castilla y León. No sé cómo será en otros Espacios Naturales, pero en el de Sierra de Urbión –que no es en rigor un Espacio Natural pues sigue sin ser declarado después de 15 años– la depuración es deficiente.

Creo conocer el tema porque fui presidente de la Mancomunidad Sierra Cebollera cuando se fundó, precisamente a instancias de la Junta de Castilla y León y con la idea de tener entre sus objetivos estatutarios el mantener las depuradoras del Espacio Natural. Agradecí la elección, que fue unánime por parte de sus doce municipios, y supongo que motivada por mi interés en el tema de las depuradoras, y porque recogí el malestar de los ayuntamientos con unas obras que dejaban bastante que desear, realizadas por una unión temporal de empresas (UTM) y prácticamente sin control por parte de la administración contratante. Aunque, en principio, nos preocupaban determinados problemas constructivos, el informe final de los dos técnicos que contratamos en períodos sucesivos resultaba demoledor, cuestionando tanto el planteamiento como la ejecución y el mantenimiento por parte de la UTM.

Dos años después, a finales de este verano, observé las dos depuradoras del pueblo de Tera y vi que el vertido formaba una charca putrefacta en el cauce ya seco, provocando olores molestos para las casas próximas. Es decir, nada que ver con esa depuración que se pretende haber conseguido. Visitando otro día casi la mitad de las 40 depuradoras, aunque los vertidos no eran tan llamativos, comprobé que seguía sin existir en ninguna de ellas el tratamiento secundario que prometía el proyecto, y que sería exigible tanto por ser Espacio Natural (futuro) como Zona Sensible.

Más del 90% de las depuradoras son similares. Hay un tratamiento primario consistente en uno o más compartimentos donde parte de la porquería se decanta en forma de “lodos” y otra parte flota. Pero el tratamiento secundario, consistente teóricamente en unas gravas recubiertas de una película bacteriana que oxidaría buena parte de la materia orgánica, nunca funciona. Sin entrar en detalles técnicos, no es de recibo pensar que pueblos con decenas o cientos de personas en verano pueden verter tras una simple decantación/flotación a ríos con escasísimo caudal, sin consecuencias ambientales y sanitarias.

Cuando dejé la política local el técnico ambiental que habíamos contratado entre los doce municipios de la Mancomunidad (más la subvención), aparte de controlar las depuradoras iba a empezar con el control de las aguas potables para abastecimiento humano, que deja bastante que desear en varios ayuntamientos. Cumplir con la legislación en lo que se refiere al ciclo del agua exige la realización de análisis, su interpretación y el establecimiento de medidas de control, por lo que entiendo que si una Mancomunidad fundada con ese fin no se plantea contratar a un profesional o a una empresa cualificada, pierde buena parte de su razón de ser. El caso es que a los pocos meses al técnico no le fue renovado el contrato. Sé que hay ayuntamientos, como Arévalo de la Sierra, Valdeavellano u otros que entendían la necesidad de esa gestión, pero una mayoría no se plantea gastar dinero en cumplir con una normativa que la administración no exige.

Se suele decir que los municipios no pueden con esos gastos. Pero los hechos son que raro es el que cobra más de 30 céntimos de euro por metro cúbico, muy por debajo de la media nacional o de la Comunidad. En el caso de Almarza, que es el que tiene más habitantes con sus diez pueblos, se han cobrado 24 euros este año pasado en concepto de alcantarillado, sin medir el consumo. O sea, dos euros por familia y mes para eliminar y tratar las aguas residuales en 14 depuradoras.

El padre de la ecología científica en España, Ramón Margalef, publicaba en su Limnología, ya en 1983, que “debería exigirse que el usuario extrajera el agua más abajo del punto en que la retorna”.

En mi opinión y sin llegar a tanto, en el Espacio Natural Sierra de Urbión hubiera hecho falta una inversión considerablemente mayor y con otros criterios (menos depuradoras, para varios pueblos, pero mucho más eficientes y con menos gasto de mano de obra). De todos modos el desarrollo no es sólo cuestión de inversiones –que también-, sino sobre todo de unas administraciones -local, autonómica y central- que funcionen.

 

 

Noviembre de 2005